Trump quiere controlar el BID en medio de la profunda crisis económica de América Latina

Foto: HispanTv

Trump rompió la tradición de dejar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en manos de dirigentes latinoamericanos y, a partir de septiembre, controlará sin mediación el mayor organismo de crédito regional, en un momento de crisis económica en que sus préstamos serán clave.

Los préstamos del BID son una constante en los proyectos de desarrollo social y económico -con un foco especial en los sectores más vulnerables- y modernización de los Estados latinoamericanos y caribeños.

Se aprueban para financiar proyecto concretos, no suelen ser tan grandes como los del Banco Mundial ni conllevan condiciones fiscales o de asignación del gasto como los créditos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, se pagan a tasas muy bajas y, en general, se van refinanciando a largo plazo, sin generar un peso significativo a los países.

«El BID no es el organismo multilateral de crédito más grande, pero es importante quién será su próximo presidente porque sus préstamos van directamente a asistir programas que lidian con las peores situaciones. Y con la actual crisis económica en la región, los Estados van a tener muy poca plata para estas situaciones», explicó a Télam el economista, investigador del Conicet y de la Universidad Nacional de Quilmes, Juan Santarcángelo.

Esta semana, el gobierno de Estados Unidos sorprendió y nominó a un candidato propio para presidir el BID, elección que se postergó para la primera quincena de septiembre, en Barranquilla, Colombia.

El Departamento del Tesoro nominó a Mauricio Claver-Carone, el actual asesor de seguridad para la región de Trump y un férreo opositor de los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Desde que el BID se fundó en 1959, la tradición no escrita era que el presidente debía ser elegido entre los candidatos presentados por los 26 países latinoamericanos, que son los únicos posibles beneficiarios de los préstamos.

La elección se dirime en una votación de la Asamblea de Gobernadores, el máximo órgano deliberativo de la institución, en la que Estados Unidos concentra un 30% del poder de voto, los 26 países latinoamericanos apenas un poco más del 50% y Canadá, 16 países europeos, algunas de las principales potencias asiáticas e Israel, casi un 20%.

Un candidato necesita superar el 50% de este poder de voto, pero también contar con el apoyo de la mayoría absoluta de los países miembros del continente americano, es decir, de al menos 14 Estados.

Hasta ahora, los gobiernos de Brasil, Colombia, Uruguay, Ecuador, Paraguay, y el líder opositor venezolano Juan Guaidó, a quien el BID reconoció el año pasado como el presidente legítimo de Venezuela, apoyaron la candidatura de Claver-Cardone.

Solo con estos apoyos, Estados Unidos suma un 50% y 8 países americanos.

Sin embargo, en una reciente entrevista con la agencia de noticias EFE, Claver-Carone adelantó que ya consiguió el apoyo de 15 países para la elección. No aclaró si todos pertenecen al continente.

Muchos férreos aliados de Estados Unidos en la región, como Perú, Chile, El Salvador, Guatemala y Bolivia, entre otros, aún no se pronunciaron, por lo que la victoria de Washington parece casi una certeza.

En la entrevista con EFE, Claver-Carone, quien recorrió la región en los últimos tiempos como asesor presidencial de Trump, defendió su postulación porque «no había candidatos que todo el mundo conociera».

Sin embargo, hace tiempo que entre los líderes del continente se barajan las candidaturas del actual secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Gustavo Béliz, por Argentina, y la ex presidenta Laura Chinchilla, por Costa Rica.

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