Perú se encamina a un balotaje más polarizado que nunca

Foto: Tw @zeithistoriker

Las elecciones de Perú confirmaron la enorme fragmentación de la representación política y pusieron al país en el escenario de una segunda vuelta que tendrá una dosis extra de polarización.

Por sus protagonistas, el balotaje y su campaña electoral traerán reminiscencias de la crítica última década del siglo pasado, cuando el Gobierno de Alberto Fujimori puso fin al conflicto armado interno que venía de los años 80 pero al precio de graves y masivas violaciones de derechos humanos, por las que ahora está en la cárcel.

La segunda vuelta enfrentará a Pedro Castillo, un sindicalista de inzquierda y a Keiko Fujimori, la hija mayor y heredera política de Alberto.

Castillo reunía 19,10% de los votos válidos y Fujimori, 13,36%, seguidos por el empresario de derecha Rafael López Aliaga, con 11,67% y por el economista liberal Hernando de Soto, con 11,63%, cuando se había completado 96,18% del escrutinio, informó la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) en su sitio web.

“Se nos viene una polarización muy grande, porque cualquiera que ingrese en segundo lugar representará un polo frente a lo que muchos consideran un antisistema”, advirtió el sociólogo y columnista político Fernando Vivas a la radio RPP.

Castillo, de 51 años y para muchos la sorpresa de las elecciones de, no es sin embargo un “outsider” en la política, tal como advirtió el analista Iván García en Panamericana TV.

Ya en 2002, Castillo se postuló a la alcaldía de Tacabamba, la pequeña ciudad del departamento norteño Cajamarca de la que es oriundo, y entre 2005 y 2017 integró el comité político regional de Perú Posible, el hoy disuelto partido del expresidente Alejandro Toledo.

Pero es cierto que su figura cobró trascendencia nacional solo a partir de 2017, cuando encabezó por casi dos meses una huelga de docentes que causó la caída del gabinete que encabezaba Fernando Zavala bajo el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

Lo que los resultados electorales no consiguieron despejar es la sensación de que Perú pueda continuar por la senda de inestabilidad política que llevó a que en el actual período quinquenal de gobierno tuviera cuatro presidentes y dos Congresos.

Ya desde antes del actual quinquenio, Perú es -fuera de Brasil- el país donde mayor repercusión tuvo la operación Lava Jato y el escándalo de los sobornos de Odebrecht, por lo que están bajo investigación judicial casi todos los expresidentes vivos y varios líderes partidarios, incluida Keiko Fujimori, que aún no tiene sus cuentas saldadas con la Justicia.

Foto: Tw @KeikoFujimori

La cuestión de la corrupción desató un conflicto de poderes, principalmente entre el sucesor de Kuczynski, Martín Vizcarra -que impulsó una reforma política destinada a quitar privilegios a funcionarios y legisladores-, y el Congreso.

Vizcarra -que arrastraba investigaciones por casos de supuesta corrupción de cuando había sido gobernador regional- no solo perdió esa batalla sino que fue destituido por el Congreso y poco después se supo que fue, junto a su esposa, uno de los beneficiarios del vacunatorio VIP contra el Coronavirus.

La atomización de la representación política -un fenómeno bastante antiguo en el país- y la inestabilidad institucional provocaron una crisis que el Coronavirus y su impacto económico agravaron de manera exponencial, todo lo cual provocó un desinterés sin precedentes de la ciudadanía por el proceso electoral.

Ese desánimo se vio reflejado en una asistencia de 72,59% -casi 10 puntos menos que en 2016- y, aunque un poco menor al esperado, en el 17,15% de votos en blanco o nulos, según los datos oficiales.

Asimismo, la dispersión de partidos y opiniones generó que al menos 10 fuerzas tendrán representación en el Congreso, encabezadas por Perú Libre -la agrupación de Castillo- que, con poco más de 16% de los votos válidos, quedará muy lejos de la mayoría propia pero, por ser la más numerosa, seguramente encabezará las principales comisiones, lo que le dará ventaja a la hora de fijar la agenda parlamentaria.

Cauta por lo parejo de los resultados, Fujimori dijo que había que esperar los resultados oficiales pero se mostró dispuesta a acordar con otras fuerzas del espectro de centroderecha, principalmente con la que postuló a De Soto, con quien disputó el pase al balotaje.

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