Los Ángeles decide no utilizar ambulancias para pacientes con COVID-19 sin probabilidades de sobrevivir

Foto: UNICEF Ethiopia - Flickr

Los pacientes afectados serán aquellos cuyos corazones no muestren signos vitales y no tengan señales de respiración, movimiento, pulso o presión arterial. 

Las infecciones por Coronavirus alcanzaron cifras críticas en Los Ángeles, California, al punto que los empleados que trabajan en ambulancias recibieron una drástica y dura instrucción de emergencia: reducir el uso de oxígeno y no transportar a aquellos pacientes que tengan pocas o nulas probabilidades de sobrevivir.

Ante la saturación hospitalaria y la alta demanda de insumos, los funcionarios de la ciudad recalcaron que la prioridad se limita a luchar por la vida de las personas que tienen posibilidades reales de superar la enfermedad. Estas medidas se decidieron en un escenario de contagios que se prevé que empeore en las próximas semanas.

Christina Ghaly, directora de servicios de salud, confirmó el panorama desalentador: “El volumen que se ve en nuestros hospitales todavía representa los casos que resultaron de la festividad de Acción de Gracias. No creemos que estemos viendo todavía los casos que se derivaron de las vacaciones de Navidad y Año Nuevo”.

La Agencia de Servicios Médicos de Emergencia determinó que los equipos móviles deben conservar oxígeno únicamente para pacientes con niveles de saturación por debajo del 90%. En tanto, los pacientes que no podrán recibir asistencia de ambulancias serán aquellos cuyos corazones se han detenido y, a pesar de los esfuerzos de reanimación, no tienen signos de respiración, movimiento, pulso o presión arterial, por lo que serían declarados muertos en el lugar.

Otra clara señal preocupante es el retrato de las salas de emergencias que lucen tan saturadas que algunas personas tienen que esperar dentro de las ambulancias hasta ocho horas antes de acceder a alguna cama disponible. De esta manera, los vehículos de urgencia quedan imposibilitados de responder a otras llamadas.

Los Ángeles ya había declarado máximos históricos de ocupación hospitalaria, sobre todo en cuidados intensivos. La situación despertó la preocupación desesperada de las autoridades, a quienes se les agotaron los recursos para aumentar la capacidad en los nosocomios.

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