Gobierno estadounidense aprueba el primer test para diagnosticar casos asintomáticos de COVID-19

Foto: Pixabay

La decisión incorpora muestras agrupadas que permiten ejecutar menos pruebas en general y evaluar más ejemplares rápidamente.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) autorizó la implementación de pruebas para personas que no tienen síntomas de COVID-19, o que no tienen motivos para sospechar de la infección, un adelanto que permitiría identificar pacientes asintomáticos contagiados y ayudar a controlar de mejor manera la propagación del virus.

El comisionado de la FDA, Stephen Hahn, dijo que esta prueba diagnóstica “se utilizará para cualquier persona, independientemente de si muestran síntomas de COVID-19 o tienen otros factores de riesgo de exposición. Es un paso hacia el tipo de detección amplia que puede ayudar a permitir la reapertura de las escuelas y lugares de trabajo”.

A medida que los casos en el país ya superan los 4 millones de contagiados y sobrepasa los 148.000 muertos, con récords diarios que han alcanzado los 77.000 mil casos, la aplicación de este test permitiría el retorno al sector empresarial y escolar debido a que la FDA considera que “la prueba es tan precisa en la población asintomática, como lo es entre las personas sospechosas de tener COVID-19”.

Esta nueva autorización para la aplicación de test COVID-19 elimina el protocolo anterior que autorizaba el uso de la prueba solo en personas sospechosas de haber contraído el virus. De esta manera se pueden detectar individuos contagiados sin síntomas y evitar su exposición en comunidades donde pudiera propagarse el virus.

La nueva normativa, que cambia la modalidad de aplicación incorporada el 16 de marzo, está en concordancia con un importante avance médico de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) que permite detectar el COVID-19 con mayor rapidez.

El nuevo modo de testeos viene a dar respuesta al pedido de un grupo de médicos que exhortaron al gobierno federal a tomar medidas más severas para evitar la pérdida de 200 mil vidas antes del 1 de noviembre. Un pronóstico con el que concuerda el Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington, que proyecta unos 220.000 muertos en la fecha de las elecciones presidenciales. 

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