Fiestas navideñas en el mundo con amplias restricciones y enlutadas por el dolor de la pandemia

Foto: Flickr Xavier Martinez

El mundo se apresta a celebrar unas fiestas de Navidad y Año Nuevo en un clima de tristeza por la muerte de más de 1,7 millones de personas por el Coronavirus y cancelaciones de viajes y reuniones a causa de las restricciones impuestas en gran parte del planeta para contrarrestar virulentas segundas o terceras olas de contagios.

Muchas de las actividades tradicionales navideñas debieron modificarse por primera vez en siglos para cumplir los protocolos de distancia social, y otras directamente fueron suspendidas.

Bajo un cielo gris y lluvioso, una pequeña multitud asistió a la procesión de Navidad en las calles de Belén, que atrae normalmente a miles de peregrinos.

Un centenar de personas, con barbijos y paraguas, vieron el desfile, donde ondeaban banderas palestinas y del Vaticano, al ritmo de tambores y gaitas.

“A pesar del miedo y la frustración, superaremos esta prueba porque Jesús nació en Belén”, declaró el patriarca latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa.

Australia, que este año fue citada varias veces como ejemplo de buena gestión sanitaria, se enfrenta actualmente a un repunte de casos en el norte de Sidney, una ciudad cuyos habitantes solo pudieron invitar a sus casas a diez adultos o solo a cinco, si viven en “el epicentro” del foco de contagios.

En Filipinas, algunos escogieron pasar las fiestas solos debido al riesgo de contraer el virus en el transporte público.

La mayor parte de Europa también se enfrenta a uno de los inviernos más tristes, con un resurgimiento epidémico en varios países.

Alemania tuvo que anular sus famosos mercados de Navidad y el papa Francisco decidió adelantar dos horas la misa de medianoche en el Vaticano, para cumplir con las restricciones en Italia.

En cambio, en el noreste de Siria, controlado por los kurdos, los habitantes ignoraron la pandemia y asistieron a una ceremonia de iluminación de un abeto en barrio cristiano, bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad.

Miles de camioneros europeos se preparaban para pasar la Nochebuena en condiciones difíciles, bloqueados alrededor del puerto de Dover, en el Reino Unido, que sale lentamente del aislamiento que provocó la aparición en su territorio de una nueva cepa del coronavirus.

Las celebraciones de Año Nuevo tampoco brillarán tanto como de costumbre.

Ante el repunte de la pandemia en Brasil (el segundo país más enlutado del mundo con casi 190.000 muertos), el alcalde de Río de Janeiro prohibirá la noche del 31 de diciembre el acceso al barrio de la famosa playa de Copacabana, para evitar las aglomeraciones en la última noche del año.

Habitualmente, millones de personas se dan cita en esta playa para admirar los fuegos artificiales de la tradicional fiesta de fin de año, cuya cancelación se anunció en julio.

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