El director de los CDC dijo que “una mascarilla ofrece más garantías de protección que una vacuna”

Foto: AP

En una conferencia de prensa, Robert Redfield destacó que cuenta con “evidencia clara” de que los barbijos funcionan “con una inmunidad del 70%”, algo que aún no está garantizado con las vacunas.

El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), Robert Redfield, reiteró enfáticamente la necesidad del uso de mascarillas y destacó que “ofrecen más garantías de protección que las vacunas”.

“Tenemos evidencia científica clara de que funcionan. La inmunidad de un barbijo es de alrededor del 70%”, aseguró, y planteó que aún no se conoce qué efectividad tendrán los proyectos de vacunas que se están desarrollando.

De hecho, el principal experto sanitario del país, Anthony Fauci, que planteó que le gustaría tener una vacuna con una efectividad del 75%, ya admitió que es probable que eso no suceda y esa cifra se reduzca al 50%, que es el mínimo necesario para que una vacuna sea aprobada.

En el caso de que esto ocurra, la mitad de las personas que tengan la vacuna no contraerían el virus, y el resto se espera que, aunque sufran el contagio, no padezcan ningún efecto negativo en su cuerpo. En el peor de los casos, se aguarda que la vacuna colabore para generar una mejor resistencia debido a la generación de anticuerpos.

Ante la falta de certezas de cuándo estaría disponible una vacuna -mientras Donald Trump habla de octubre, el propio Redfield alargó el plazo para el próximo año- el director de los CDC volvió a reiterar la importancia de que se continúen usando mascarillas, a las que calificó como “la mejor defensa en este momento”.

«Como director de los CDC, afirmo que las mascarillas son la herramienta de salud pública más importante y poderosa que tenemos», agregó.

No es la primera vez que Redfield defiende el uso masivo de estos elementos de protección, ya que en julio pasado el experto publicó un texto en el cual pedía que “todos usen mascarillas”, lo que permitiría “tener esta epidemia bajo control en las próximas cuatro, seis, u ocho semanas”, algo que, meses después, no ocurrió -según Redfield- porque no se cumplieron estas disposiciones.

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