El debate presidencial entre la búsqueda de ganadores y la ausencia de contenido

Foto: AP

La pregunta que se hacen todos al final de los debates es: ¿quién ganó? En este caso, no está nada claro. Ambos partidos se consideraron victoriosos en una noche en donde hubo escasez de ideas y propuestas.

El debate planteado como un enfrentamiento obliga a encontrar ganadores y perdedores, dejando de lado el análisis de contenido en los discursos de los candidatos. 

Por un lado, la tónica general del debate estuvo más acorde al estilo de Trump que al de Biden: mientras el presidente disfruta de las agresiones y acusaciones, el ex vicepresidente suele ser dueño de un perfil más moderado y calmo.

Sin embargo, dentro de ese contexto, Biden se desenvolvió razonablemente bien. Aunque criticó a su rival en duros términos (en un momento, visiblemente ofuscado, le dijo “¿Por qué no te callas?”; en otro le dijo que “siga ladrando”) abandonó en pocos momentos su tono pausado y serio -un estilo frecuente en él desde siempre, ya que de niño fue tartamudo- no cometió grandes errores (algo que suele sucederle y se ha reiterado en los últimos meses) y surfeó con bastante soltura los constantes embates del presidente.

Sin embargo, es cierto también que el demócrata perdió varias oportunidades de imponer su propia agenda electoral. Como el presidente tiene poco para mostrar de su pasado reciente, Biden podría haber apretado aún más el dedo en la llaga en las graves dificultades que atraviesa la gestión de Trump.

Sin embargo, el candidato opositor no consiguió enfatizar frecuentemente sobre los 200.000 muertos por la pandemia, la grave crisis económica o la insostenible situación racial. Cada vez que intentaba centrarse en ese tema, sufría una interrupción de Trump, lo que generaba un cambio en el argumento del ex vicepresidente.

Cuando acabó el debate, las esposas de ambos candidatos -Melania Trump y Jill Biden- ingresaron al estudio y saludaron a sus parejas, aunque ninguno de los cuatro mostró ninguna intención de acercarse a los otros para despedirse cordialmente.

El próximo encuentro entre los contendientes a la presidencia será en poco más de dos semanas, el próximo 15 de octubre en Miami. Una semana después, se enfrentarán por última vez en Nashville. Mientras tanto, Mike Pence y Kamala Harris, candidatos a vicepresidente, serán los próximos en medirse el próximo 7 de octubre.

Da la sensación de que una herramienta democrática histórica como el debate se transformó en un ring de boxeo, en donde los luchadores se esfuerzan más por colgarse el cinturón de campeón que por aprovechar una plataforma nacional para acercar sus propuestas a los votantes indecisos. 

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