Advierten que la inmunidad al Coronavirus puede durar varios años, según estudios científicos

Foto: Hospital CLINIC - Flickr

Dos investigaciones científicas concluyeron que las células inmunes importantes sobreviven en la médula ósea de las personas infectadas con el virus del COVID-19 o inoculadas contra él.

De acuerdo a estos estudios “la inmunidad al coronavirus dura al menos un año, llegando a mejorar con el tiempo, especialmente después de la vacunación, lo que permitiría que se extienda incluso por toda la vida”, consideraron.

Ambos estudios sugieren que la mayoría de las personas que se recuperaron del COVID-19, y que luego fueron inmunizadas, no necesitarán refuerzos.

Sin embargo, las personas vacunadas que nunca se infectaron probablemente necesitarán las inyecciones, al igual que una minoría que se infectó pero no produjo una respuesta inmunitaria sólida.

El estudio, publicado el lunes en la revista Nature, concluyó que las células que conservan una memoria del virus persisten en la médula ósea y pueden producir anticuerpos cuando sea necesario.

El otro estudio, publicado en línea en BioRxiv, un sitio de investigación en biología, encontró que las llamadas células B de memoria, continúan madurando y fortaleciéndose durante al menos 12 meses después de la infección inicial.

Las células B de memoria, producidas en respuesta a la infección con SARS-CoV-2 y mejoradas con la vacunación, son tan potentes que frustran incluso las variantes del virus, lo que anula la necesidad de refuerzos, según Michel Nussenzweig, inmunólogo de la Universidad Rockefeller en Nueva York, director del estudio sobre la maduración de la memoria.

“Las personas que se infectaron y se vacunaron tienen una respuesta excelente, un conjunto excelente de anticuerpos, porque continúan desarrollando sus anticuerpos”, dijo Nussenzweig, quien aclaró que espera “que duren mucho tiempo”.

Es posible que el resultado no se aplique a la protección derivada de las vacunas solamente, ya que puede ser que la memoria inmunológica se organice de manera diferente después de la inmunización, en comparación con la que sigue a una infección natural.

Eso significa que las personas que no tuvieron Coronavirus y fueron inmunizadas pueden eventualmente necesitar una vacuna de refuerzo, explicó Nussenzweig.

“Ese es el tipo de cosas que sabremos muy, muy pronto”, agregó.

Para observar las células B de memoria específicas del nuevo Coronavirus, los investigadores dirigidos por Ali Ellebedy -de la Universidad de Washington en St. Louis- analizaron la sangre de 77 personas en intervalos de tres meses, comenzando aproximadamente un mes después de su infección con Coronavirus.

Los niveles de anticuerpos en estos individuos disminuyeron rápidamente cuatro meses después de la infección y continuaron disminuyendo lentamente durante meses posteriores, resultado que está en sintonía con los de otros estudios.

El equipo del doctor Ellebedy obtuvo muestras de médula ósea de 19 personas, unos siete meses después de haber sido infectadas. Quince tenían células B de memoria detectables y cuatro no, lo que sugiere que algunas personas pueden tener muy pocas células o ninguna.

Los hallazgos refuerzan la idea de que las personas que se recuperaron deL COVID-19 deben vacunarse, sugirió Ellebedy.

El equipo de Nussenzweig observó cómo maduran las células B de memoria con el tiempo. Los investigadores analizaron sangre de 63 personas recuperadas del Coronavirus, aproximadamente un año antes.

La gran mayoría de los participantes presentaba síntomas leves y 26 también habían recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus.

Los llamados anticuerpos neutralizantes, necesarios para prevenir la reinfección del virus, permanecieron sin cambios entre 6 y 12 meses, mientras que los anticuerpos relacionados pero menos importantes desaparecieron lentamente, observó el equipo de investigadores

A medida que las células B de memoria continuaron evolucionando, los anticuerpos que produjeron desarrollaron la capacidad de neutralizar un grupo aún más amplio de variantes.

Un año después de la infección, la actividad neutralizante en los participantes que no habían sido vacunados fue menor contra todas las formas del virus.

Los resultados del estudio del equipo de Nussenzweig sugirieron que las personas que se recuperaron de Covid-19, y que luego fueron vacunadas, continuarán teniendo niveles extremadamente altos de protección contra variantes emergentes, incluso sin recibir una vacuna de refuerzo en el futuro.

Todos los expertos estuvieron de acuerdo en que es probable que la inmunidad se desarrolle de manera muy diferente en personas que nunca han tenido Covid-19.

También advirtieron que luchar contra un virus vivo es diferente a responder a una sola proteína viral introducida por una vacuna; y en aquellos que tenían coronavirus, la respuesta inmune inicial tuvo tiempo de madurar entre 6 y 12 meses antes de ser desafiada por la vacuna.

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